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Capítulo de Chilkoot

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Mapa de Chilkoot Misiones Chilkoot Todo o nada La despedida El guía Los últimos buscadores de oro Emprendemos el viaje El paso. Parte 1. El paso. Parte 2. El paso. Parte 3. El paso. Parte 4. En el punto de destino La Mina 77 El descenso Desprendimiento de rocas La escotilla La entrada ¿La trampa? Recompensas Recompensa por Entrada a las Minas Recompensa por despejar Chilkoot #klondike #klondikethelostexpedition #klondikefacebook #videogames #videojuegos #valleesmeralda #emeraldvalley #chilkoot

Mapa de Chilkoot

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Recompensa por despejar Chilkoot

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Chilkoot. Recompensa por Entrada a las Minas.

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La situación de las Minas difiere en cada jugador, es decir, no siempre es la misma. Completa esta tarea lo antes posible y consigue el premio. Tarea Encuentra la entrada a las Minas.

Chilkoot. ¿La trampa?.

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“¡Sabía que estaba aquí”, gritó Stone, “¿La llave?”, pregunté, perplejo. Stone dejó de hablar de repente y se quedó mudo, como si alguien lo hubiese sorprendido. Sin responder a mi pregunta, cargó su arma. Lo mismo hice yo, temeroso de que hubiese algún huésped indeseado. Tarea Viaja hasta las Minas Tras girarla varias veces, la oxidada llave despejó el camino hacia el interior de las Minas.

Chilkoot. La entrada.

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Al día siguiente, nos pasamos todo el tiempo intentando comprender cómo se había instalado la escotilla. Tanto Stone como yo coincidíamos en que había sido cerrada desde dentro. Sin embargo, por motivos que desconozco, Stone no le daba demasiada importancia a este argumento. Regresamos a las cabañas nuevamente con la esperanza de encontrar allí una llave o, al menos, una herramienta que nos sirviese de ayuda. Tarea Necesito comer algo suculento antes de iniciar mi largo descenso hacia el valle. “Supongo que alguien nos estará vigilando”, dijo Stone mientras entraba en una de las cabañas. “Mira”. Aparte de la taza de hojalata, la batea contenía una pequeña caja en su interior. Sin prestar atención a la taza, Stone agarró la caja e intentó abrirla. ¡La llave!

Chilkoot. La escotilla.

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Apenas habíamos terminado de recoger los escombros cuando nos asaltó otra mala noticia: ¡la entrada a las Minas había sido cerrada con una pesada escotilla metálica! En cuanto vio mi cara contrariada, Stone se echó a reír: “¡Manos blancas del Gran Continente! ¿Cómo se suponía que ibas a rescatar a tu padre? ¿Creías que tendrías que bajarlo de un árbol como a un gatito?. Tarea Trenza cuerda en el Granero Stone intentó abrir la escotilla sin dejar de reír. De repente, al recordar la taza limpia de la cabaña, sentí una angustia inexplicable. ¿Y si no estamos solos aquí? Fingiendo una gran alegría, respondí como pude a algunas bromas del guía.

Chilkoot. Desprendimiento de rocas.

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“No saques conclusiones precipitadas”, sonrío Stone al ver mi cara de decepción. Tras descender otra media milla más, pude observar que la garganta de las Minas estaba bloqueada con piedras. “Los verdaderos tesoros son difíciles de encontrar”, pensé. Tarea Colecciona e intercambia un Conjunto de huesos. Debíamos regresar a las cabañas para buscar herramientas. Equipados con picos, tratamos de romper las rocas que bloqueaban el camino. Como no sabía manejar muy bien la herramienta, Stone me pidió que me apartase y que recogiese las pequeñas piedras de los escombros.

Chilkoot. El descenso.

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Aunque la ubicación de la Mina difería un poco de las indicaciones del cuaderno de bitácora de mi padre, no nos resultó difícil encontrarla. Al fin y al cabo, tal vez aquí encontraría todas las respuestas a mis preguntas. Tarea Crea unas cuantas jaulas. La Mina no era para nada como la había imaginado. Los granos de oro brillaban aquí y allá en las paredes, pero a medida que bajábamos, nos quedamos ojipláticos con un inquietante descubrimiento. Todo estaba cubierto de nieve sucia y afiladas piedras.

Chilkoot. La Mina 77.

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Las cabañas eran todavía peores por dentro. Había polvo y moho por todas partes. Sin embargo, en una de ellas, a pesar del desorden, me percaté de algo extraño. Uno de los antiguos recipientes que se utilizaban para lavar el oro, conocidos por los buscadores con el nombre de “bateas”, tenía encima una taza de hojalata limpia. Tarea Haz tazas en la Hojalatería o en la Metalurgia. Al principio, no le hice caso a este detalle. Stone y yo partimos en busca de las Minas abandonadas. Mi guía encontró una mención a la Mina 77 en el cuaderno de bitácora. Era famosa porque en ella se habían encontrado las pepitas más grandes. Tal era su tamaño que las del río a su lado parecían simplemente areniscas.

Chilkoot. En el punto de destino.

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La decisión de contratar a Stone como guía fue todo un acierto, ya que sin su ayuda probablemente habría llegado a las Minas una semana más tarde. Confié en un hombre que había pasado aquí su juventud y que, gracias a eso, me había traído hasta este lugar mucho más rápido. Tarea Produce clavos en la Herrería o la Metalurgia. El suelo desnudo había sido fuertemente erosionado por los rápidos arroyos. Algunas cabañas desvencijadas de techos podridos se mantenían en pie a lo largo del arroyo más ancho. “Hemos llegado”, dijo Stone. Comenzó a sonreír y por un momento vi en su cara la sonrisa de un animal salvaje.

Chilkoot. El paso. Parte 4.

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Cuando por fin Stone sugirió acampar y descansar un rato, encendimos una hoguera, excavamos un hoy para las provisiones, plantamos la tienda y nos quedamos fritos descuidando de manera temeraria la única fuente de calor que teníamos. Tarea Enciende una hoguera. Cuando reanudamos la marcha, el camino me parecía un agradable paseo: el sol brillaba y los ladridos de los peros demostraban sus ganas de jugar en vez de arrastrar el pesado trineo. Stone me entretuvo hablando de la fiebre del oro en un intento por desviar mis pensamientos de la última expedición de mi padre.

Chilkoot. El paso. Parte 2.

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Stone dejó de hablar. No conseguí encontrar las palabras adecuadas para interrogarlo. ¿De verdad las necesitaba? Mucha gente conocía a mi padre como un hombre noble y de gran corazón, el propio Stone era uno de ellos. Sin embargo, algo me decía que mi guía sabía algo que podría ayudarme a encontrar a mi padre. Tarea Repón tus provisiones de arándanos  Aunque habíamos estado siguiendo las huellas de los inexpertos conquistadores del norte durante bastante tiempo, de repente Stone puso rumbo al sur hasta un pequeño riachuelo que separaba las llanuras de las escarpadas montañas. Enseguida comprendí que todavía teníamos por delante la parte más difícil.

Chilkoot. El paso. Parte 1.

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El engañoso sol del verano cubrió el manto de nieve blanco con unos pequeños riachuelos. Intentamos alejarnos lo máximo posible, ya que no queríamos escurrirnos en el suelo derretido. Stone permaneció en silencio todo el camino. De vez en cuando se detenía, encendía su pipa y sonreía al brillante sol septentrional. Tarea Haz unas tablas en la Carpintería o en los Trabajos de Madera. “Conocí a tu padre”, dijo de repente durante la siguiente parada. La angustia me agarrotó el corazón. “Creo que su honestidad le jugó una mala pasada. Las personas honestas no deberían estar aquí, en esta batalla sin cuartel por conseguir oro”.

Chilkoot. Emprendemos el viaje.

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Me senté al lado de la hoguera y volví a releer el cuaderno de bitácora. Nuestro punto de destino estaba a unas 200 millas de aquí. Stone prometió conseguir un buen trineo tirado por perros en el pueblo, y yo, consciente de mi “buena suerte”, traté de imaginarme qué pasaría si nos quedábamos atrapados en la nieve sin comida ni bebida. Tarea Alimenta a los perros Stone me despertó tarde: el resto había abandonado el poblado al alba. Un nuevo trineo fabricado con madera pulida y tirado por unos impacientes huskies nos esperaba en el umbral de la tienda india. Ya no había marcha atrás.

Chilkoot. Los últimos buscadores de oro.

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Nos desplazamos hasta el poblado con los últimos buscadores de oro de Klondike. La mayoría eran nuevos aquí. Habían llegado hasta el norte en busca de dinero fácil, o eso creían. Sus espaldas se habían convertido en albardas. Casi sin poder moverse, transportaban pesadas mochilas con todo lo necesario. Tarea Regala menestra de verduras a tus amigos.   Llegamos al poblado al atardecer. Aquí no existían cabañas de madera: sus habitantes vivían en tiendas indias preparadas con pieles de oso para soportar los rigores del invierno. Por suerte, gracias a Stone, no tuvimos que montar aquí el campamento, ya que una de las familias se ofreció a darnos cobijo durante la noche.

Chilkoot. El guía.

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Encontrar a Jim Stone fue pan comido: se trataba de uno de los personajes más misteriosos y populares de la ciudad. Casi siempre silencioso, con facciones endurecidas por el aire del norte, tenía el aspecto de un pirata. Sin embargo, sus ojos resplandecían con la nobleza que tanto respetaban las gentes del Viejo Mundo. Tarea Vende algo de oro que te queda en el Inventario. Conté a Stone cuáles eran mis planes. Pondría rumbo a Chilkoot y llegaría hasta el poblado de los indígenas. Luego, tenía previsto cruzar el Paso y encaminarme hacia el norte. Stone me escuchó con atención y me sugirió una ruta. Cuando le hablé de dinero, me interrumpió enseguida: "Pagarás cuando consigas lo que estás buscando”.

Chilkoot. La despedida.

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Pasé otra noche entera más en vela preparando el viaje. Tenía que ir hasta la ciudad de Dawson para encontrarme con Jim Stone, el mejor guía de Klondike, y comprar todo lo necesario para esta expedición final. Tarea Envía regalos gratuitos a amigos. Mis amigos me habían ayudado tantas veces a superar las adversidades que este desafiante mundo que no podía ponerlos en peligro una vez más. Metí en una mochila todos mis objetos de valor, el oro, el dinero y mi revólver, y puse rumbo a Dawson dejando atrás el Campamento que se había convertido en un verdadero hogar para mí. También dejé una carta de despedida para mis adorados amigos.

Chilkoot

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Hacía apenas unos minutos, el tren había llegado a Chilkoot tarde por culpa de la nieve. Una ruidosa multitud se abalanzó sobre el maquinista. “La gente nunca cambia”, dijo Stone, mientras observaba cómo los buscadores de oro exigían la descarga inmediata de sus mercancías. Tareas Pon rumbo a Chilkoot. Toma algún refrigerio energizante para reponer fuerzas y prepararte para nuevas aventuras. No había tiempo que perder. El frío polar había llegado pronto a estas latitudes. A finales de agosto, el hielo ya había cubierto lagos y ríos, y las tormentas de nieve y relámpagos ya hacían acto de presencia. Sin embargo, con un guía como Stone, tenía la certeza de que, a pesar de las nevadas, tendríamos tiempo suficiente para llegar hasta el Campamento de Yukon.